Ramón Orlando, llevó un canto de amor y esperanza a mi madre enferma


Un Momentito con Miguel
Autor Miguel De Jesús Rodríguez
Locutor y Abogado Dominicano


 Los locutores Dioni Santana y José Canalda con la complicidad de otros colegas organizaron un reconocimiento para mí, que a decir de ellos, la placa entregada será de buena suerte para mi nominación como Locutor del año en los premios Soberano. 

 La fiesta seria amenizada por la Orquesta Internacional con los cantantes, Feni Ortiz, Miguel Miguel y Diomedes Nuñez, por lo que pedí al Director de la misma que en su calidad de Pastor elevara una oración para mi madre. 

 Ramón Orlando amigo de más de 30 años aceptó con mucho gusto y llegó antes de las 8 de la noche a Mao, ya en mi casa materna y después de abrazar a mi madre nos invito a ponernos en actitud de oración. 

 Un suspiro salía de la garganta de mi madre, levantó su mirada y sus ojos como dos estrellas brillaron más que las que estaban en el Cielo, el Maestro dijo “aleluya, Dios es bueno” para de inmediato comenzar a leer el mensaje. 

 La enfermedad irreversible de mi madre me ha refugiado en el caracol de la tristeza pero anoche al oírla contestar “amen” justo cuando tenía que hacerlo y luego hablar con coherencia me hizo muy feliz. 

 Minutos después de terminar ese culto en su honor, ella, entró a su mundo, Diomedes Nuñez después de observarla me dijo “caramba Miguel, mira cuanta gente hay aquí y las diferentes conversaciones y tu madre está muy lejos de nosotros”.

 Le contesté, así es, el Alzheimer no tiene compasión, ha marchitado la flor principal de mi jardín, ha borrado de sus labios su permanente sonrisa, sus pasos que la llevaban a un lugar seguro, hoy son pasos torpes que sin rumbo la llevan por el mundo. 

 Yo soy parte de ella, vengo de sus entrañas y aun debiéndole la vida, hoy siento la impotencia de no poder hacer nada para retornar su esencia y calidez. Mi Alma que como lienzo frágil que mueve la brisa se batía de un lugar a otro, pero ayer con la prédica del Maestro encontró firmeza en la palabra. 

Horas después Morfeo abrazó su indefenso cuerpo, con sus piernas temblorosas mi hijo miguelito la llevó a la cama. Dios habitó en mi hogar anoche y de bóveda triste lo convirtió en salón de fiesta donde mi hermano en un gesto de amor extraordinario predicó para Basilia mi adorada madre la palabra de nuestro Rey de Reyes y por los resultados hoy al agradecer y reconocer este privilegio termino diciendo que,” Ramón Orlando, llevó un canto de amor y esperanza a mi madre enferma”.

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