viernes, 7 de diciembre de 2012

Resentidos Sociales con aires de caballero en la comunicación de New York


Por Bolívar Balcacer
A Miguel de Cervantes y Saavedra se le atribuye haber dicho: "La verdad adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira como el aceite sobre el agua.", es lo que no toleran ciertos energúmenos de la comunicación en New York, que se creen Caballeros Romanos o de la aristocracia del siglo XV, sinvergüenzas que como el que va al baño hacen sus necesidades sin sentirlo.
Hace un tiempo denunciamos con pruebas firmes desmanes cometidos por alguno de esos farsantes comunicadores que solo pregonan la moral en ropa interior y se le olvida el daño que le han infligido a la carrera que escogieron que fue la comunicación y lo peor de todo, que en su afán por vender una falsa moralidad, se han propuesto estancar a todo el que quiera emerger con luz propia, sobre todo a los nuevos talentos, a los que les han puesto zancadillas de toda índole.
Lo peor de todo esto es que esos inmorales y resentidos sociales, se ocultan en la humildad pero regando veneno por doquier sin dejar pasar una, Ud.. lo ve en las reuniones haciendo la de "muerticos" que no rompen un plato y son tan desfachatados que las preguntas las pasan en papelitos para no dar la cara, o le pelean a sus compañeros cuando estos le dan oportunidad a alguien que ellos entienden los a adversado.
Da pena el comportamiento que asumen, lo que le mantiene en el olvido porque no se han preparado para el cambio generacional y menos para el cambio institucional que ya se ve en la humanidad, la perrería de amargados de oficio que han reemplazado la sangre por bilis en su sistema circulatorio, me hicieron consciente de la plaga de resentidos sociales que coexisten con nosotros a diario y que tal vez por eso parecen hacerse invisibles por momentos.
Son patéticos los aullidos de estas hienas que posan de buscadores de justicia, pero entendida por ellos como la garantía que nadie tenga lo que ellos no tienen. Si alguien dice, sin ninguna pretensión de ofender, o declara inocentemente como parte de la sustentación de un argumento, que tiene un iPad, una paleta de agua, o peor aún, que es feliz, estas plañideras sociales se rasgan las vestiduras convencidas de que vamos a creerles que son defensores de la humanidad y de los desposeídos, ellos incluidos.
Me dan lastima esos renacuajos humanos que por suerte no pasan de 5 pero que han servido de payasos para que uno le coja la seña y pueda ver su fracaso en todos los ordenes, en lo personal, en lo institucional, en el comportamiento traidor que ha sido su plataforma y más que eso en su falta de tacto a la hora de comportarse ante la sociedad, cuando lo que debieran es limar aspereza para emerger como verdaderos líderes, pero que se le puede pedir a estercoleros sin cabeza.
Lo que no soportan realmente estos apocados no es que otros tengan algo, sino que ellos no lo tienen. La justicia no es su objetivo, es no sentirse menos que otros porque creen que esos otros son más por no ser iguales a ellos.
En algunos pueblos de lengua inglesa la frase: "Estemos a la altura del vecindario", es la típica manifestación de la naturaleza del envidioso que considera que la felicidad no está vinculada con lo que él es, sino que es el resultado de la comparación con quienes lo rodean, y por eso las desgracias de los demás son premios gordos de la lotería y los logros de los otros son pesadillas a la hora de intentar dormir. El envidioso es ese histérico que se siente despojado por los demás, a quienes acusa de sus males. Su escasa capacidad solo le ha permitido comprender que no tiene cómo alcanzar lo que otros sí poseen, y a falta de virtud y de carácter, encontró en la igualación la forma que no quede en evidencia su patética condición de nadería. Si yo no tengo, entonces que nadie tenga. Como sugiere Freud, para evitar la envidia primitiva, algunos creen que lo mejor es que "nadie debe querer sobresalir; todos deben ser y querer lo mismo".
Hoy me siento felíz porque a estas alturas se cual es mi rol y cual debe ser mi norte, he decidido, expandir mis conocimientos a jóvenes que van surcando un nuevo porvenir en la comunicación, mostrándoles el camino de la educación, de la preparación, influyendo para que se preparen en todos los ordenes, pero dejando en el olvido la mediocridad y la envidia y sobre todo el enanismo mental que es lo que sobre abunda en ciertos personajes desclasados de la comunicación neoyorquina que cuando no meten la pata a la entrada, la meten a la salida y aun así quieren que se le respete porque para ellos lo único que importa es su moral, una moral lanzada por la cloaca, porque ellos se encargaron de eso violando sus propios principios y la ética de las instituciones que representan.
Estas alimañas, que a pesar de que envejecen prematuramente porque se autoconsumen en su agriera existencial, todo lo envenenan y encuentran en la envidia la solución a su poquedad. Detestan que los demás brillen, porque tanta luz pondría en evidencia el tono verde envidia de su piel, o cuero, para ser más específico. Nadie decente y educado tiene derecho ni justificación para desarrollar un complejo de superioridad frente a los otros, pero tampoco tenemos que aguantarles los complejos de inferioridad a los resentidos. Es tan caranga quien cree que la ostentación de cosas lo hace más, como el que se siente menos por la ostentación de otra caranga.
Gracias le doy a Dios que me ha permitido crecer y ver el mundo desde otra óptica, gracias le doy a Dios por haber puesto en el camino a figuras como Don Rafael Herrera, Dr.Carlos Dobal, Don Julio Jaime Julia, Ignacio Ramonet, Jesús Quintero, Anthony Worth a piezas de primer orden como Rafael Alvarez o a lumbreras como Facundo Cabral y otros tantos que me han enseñado que el enano aunque esté en una montaña no es grande sino que está alto, cosa que deben saber los que firman su propia muerte moral en un cheque en blanco sin pertenecerle.
Hasta nuestro próximo comentario

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